Madagascar en una encrucijada: ¿qué posibles escenarios pueden desarrollarse?

Madagascar se encuentra en un momento decisivo tras el golpe de Estado de octubre de 2025, impulsado por la energía y el activismo de la Generación Z. Con el coronel Randrianirina jurando hoy como presidente, la nación enfrenta un periodo de incertidumbre y transformación. Este artículo analiza los posibles escenarios posteriores al golpe y sus implicaciones para la gobernanza, la participación juvenil y la estabilidad democrática. También establece comparaciones con tendencias políticas similares en otros países del Sur Global, como Níger, Sudán, Burkina Faso y Nepal.

ARTICULO ANALITICO

Stephanie Mwagaza Kasereka

10/17/20254 min leer

1. Introducción

Desde finales de septiembre de 2025, Madagascar ha sido testigo de un auge del activismo juvenil liderado principalmente por la Generación Z. Sus demandas incluyen servicios básicos como agua potable y electricidad, junto con llamados más amplios a una gobernanza responsable. Las protestas en Antananarivo fueron ganando fuerza hasta que la unidad militar de élite CAPSAT, bajo el mando del coronel Michael Randrianirina, se unió a los manifestantes y orquestó un golpe de Estado que obligó al presidente Andry Rajoelina a huir. Los próximos pasos del país podrían reforzar las normas democráticas o consolidar la autoridad militar. Este artículo explora los escenarios postgolpe más plausibles y sus implicaciones para la gobernanza, la participación juvenil y la estabilidad democrática en el Sur Global.

2. Contexto

El golpe fue precedido por casi tres semanas de intensas protestas lideradas por jóvenes en Antananarivo. Estas manifestaciones surgieron de la frustración ante los cortes eléctricos, la escasez de agua y la corrupción generalizada. Los movimientos se organizaron a través de plataformas digitales y redes comunitarias, con el objetivo inicial de presionar al gobierno para que aplicara reformas. Sin embargo, las demandas escalaron hacia una confrontación directa con las instituciones del Estado, culminando en la intervención militar.

El 14 de octubre de 2025, el coronel Randrianirina anunció que el ejército había asumido el control, suspendiendo la mayoría de las instituciones estatales, excepto la Asamblea Nacional. Al día siguiente, la Alta Corte Constitucional lo invitó formalmente a asumir la presidencia, con una inauguración programada para el 17 de octubre de 2025.

Ante esta situación, la juventud y la población malgache esperan que sus demandas sean atendidas de manera genuina. El próximo gobierno interino debe responder a estas preocupaciones de forma significativa, y no tratar el golpe como una simple demostración de poder.

3. Análisis de Escenarios

Como muestra el análisis, la trayectoria postgolpe de Madagascar depende en gran medida de cómo el ejército interactúe con la Generación Z y otros actores cívicos. Una transición gestionada podría reforzar las normas democráticas y validar el activismo juvenil, mientras que una consolidación militar podría afianzar prácticas autoritarias y reavivar el descontento. Una inestabilidad persistente conduciría a una inseguridad prolongada, mientras que una reforma impulsada por los jóvenes ofrecería una oportunidad para un cambio estructural generacional, siempre que el gobierno interino permita una participación significativa.

Estos escenarios reflejan también patrones más amplios en el Sur Global, donde poblaciones jóvenes, instituciones frágiles e intervenciones militares se entrecruzan. La forma en que Madagascar navegue este momento crítico tendrá implicaciones duraderas para la democracia, la gobernanza y la participación cívica tanto a nivel local como regional.

4. Contexto del Sur Global

La situación postgolpe de Madagascar refleja tendencias más amplias observadas en el Sur Global, donde el activismo juvenil, la fragilidad institucional y las intervenciones militares convergen. Dinámicas similares han surgido recientemente en varios países de África y Asia. Por enjemplo en Níger (2023), donde la frustración juvenil por la inflación y el desempleo abrió el camino a un golpe militar; Sudán (2021), donde el descontento generacional fortaleció al ejército; en Nepal (2025), donde las protestas estudiantiles presionaron a las élites políticas; y en Burkina Faso (2022), donde los jóvenes desempeñaron un papel central en la junta militar dirigida por Ibrahim Traoré.

En todos estos casos surgen desafíos comunes: deficiencias crónicas en la prestación de servicios, corrupción, debilidad institucional y el creciente peso político de las nuevas generaciones. Cuando los gobiernos civiles no responden de forma efectiva, los movimientos juveniles pueden movilizarse, a veces en alianza con actores militares que aprovechan el poder que el pueblo les otorga.

Madagascar refleja estas mismas dinámicas, ya que las deficiencias en agua y electricidad, junto con la percepción de ineficacia gubernamental, impulsaron las protestas de la Generación Z que finalmente coincidieron con la intervención del CAPSAT. Comprender estos paralelismos ayuda a identificar los riesgos y las oportunidades que enfrenta actualmente el país.

5. Conclusión

Madagascar se encuentra en un momento decisivo de su historia política. El golpe de Estado de octubre de 2025, nacido de frustraciones legítimas por fallas de gobernanza y el colapso de los servicios públicos, refleja tanto el poder como el riesgo de la movilización juvenil. Lo que comenzó como un llamado a la rendición de cuentas y la dignidad básica se ha transformado en un examen nacional sobre el futuro de la democracia.

El futuro del país dependerá de cómo el liderazgo interino del coronel Michael Randrianirina responda a las demandas que originaron la crisis. El mejor escenario posible sería una transición bien gestionada que involucre a la juventud y a la sociedad civil, conduciendo a elecciones creíbles y una gobernanza más efectiva.

La experiencia malgache no es única; refleja una tendencia más amplia observada en países como Níger, Sudán, Burkina Faso y Nepal, donde las nuevas generaciones están desafiando a las élites políticas establecidas y exigiendo una gobernanza más transparente y receptiva. Estos movimientos señalan un profundo cambio generacional: una juventud digitalmente conectada que se niega a aceptar la estagnación, aunque vulnerable a la manipulación o represión de los nuevos regímenes.

En última instancia, el futuro de Madagascar dependerá de su capacidad para transformar la protesta en participación. Si sus líderes logran canalizar la energía y la visión de la Generación Z dentro de un proceso político inclusivo y responsable, el país podría convertirse en un modelo de renovación democrática en el Sur Global. De lo contrario, corre el riesgo de repetir el ciclo de revoluciones incumplidas, donde la esperanza de cambio se desvanece una vez más.

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